Historia

Gaspar y Cantín

Gaspar y Cantín

De sueño familiar a realidad empresarial

De la unión de Javier Gaspar y Gloria Cantín, además de tres hijos que son el orgullo de su vida, nació una pyme familiar que este año celebra sus bodas de plata, 25 años jalonados de sinsabores y momentos delicados, pero también de una enorme satisfacción por haber pilotado con éxito un proyecto que trasciende lo profesional.

Casi recién salido de la escuela, Javier entra en contacto con el sector del molde. “Empecé de aprendiz, escobando”, recuerda con una sonrisa. “En el pueblo donde vivíamos había una fábrica de piezas y, a través de mi hermano, me dieron una oportunidad. A mí la mecánica siempre me ha gustado y poco a poco fui aprendiendo”, resume.

caar-gaspar-cantin
caar-gaspar-cantin

En el año 2000, ya como matrimonio, Gloria trabajaba una carnicería. Un día, Javier le cuenta que tiene una ilusión: comprar una máquina de inyección, ya que en la fábrica donde él era responsable de mantenimiento de los moldes había mucha carga de trabajo. “A mí me daba miedo – reconoce ella- porque no tenía ni idea de ese mundo”. Pero, sin dudar, le ayudó a cumplir su sueño. Se convertían, así, en empresarios. “Empezamos pensando en nuestro puesto de trabajo y en nuestro futuro, pero también en crecer y en crear empleo. Nosotros dos solos no somos nada, tenemos que contar con la plantilla, que es la que saca adelante los pedidos”, afirma Javier.

Los comienzos fueron duros. “Hemos pasado de todo”, coinciden. Empezaron en Villafranca de Ebro, “nuestro pueblo” -puntualiza Elisa Gaspar, la primogénita y responsable financiera de la compañía-, en una nave de 250 metros. La evolución del negocio les empujó a duplicar espacio y en 2007 se trasladaron a Alfajarín, donde actualmente ocupan unas instalaciones de 3.000 metros cuadrados.

.

caar-gaspar-cantin
caar-mann+hummel

Con el fundador a punto de la jubilación, la segunda generación de la familia ya está plenamente incorporada a la gestión de la empresa “por decisión propia”. Abrió el camino Elisa, la mayor, que ya lleva 18 años en la empresa. Será quien asuma la dirección general en el futuro. “A mí siempre me ha gustado el tema de la administración de datos y el control de información. Soy muy de organizar”, reconoce entre risas Elisa. Mientras se formaba en Administración y Finanzas visitaba a menudo la planta para ayudar y, sobre todo, aprender. “Trabajar en lo que te gusta es una ventaja y yo lo hago con mucho gusto y mucha pasión”, asegura. Cuando terminó los estudios decidió quedarse en la empresa familiar. “Y hasta hoy”, dice feliz.

Elisa estará flanqueada por Francisco, responsable de la planta y a cargo de la oficina técnica, el departamento de I+D y la digitalización, mientras que Silvia, la mediana, está dando sus primeros pasos en la empresa como operaria –como hicieron sus hermanos- para ir encontrando su sitio. “La empresa queda en buenas manos porque son gente responsable, y eso nos ayudará a relajarnos. Se están formando y tienen capacidad, así que lo harán muy bien”, apostilla Gloria.